o sé a qué viene tanta tensión por programar el debate político el día que juega España la Eurocopa porque desde el punto de vista de quienes están detrás de la campaña tendría la mejor excusa para la poca audiencia que va a tener. Pueden programarlo con la selección o con Sálvame diario que pasará exactamente lo mismo. Si a estas alturas no se han dado todavía cuenta de la poca, por no decir la nula, tensión que generan en el público votante van de lado. Es exactamente lo mismo que ha pasado esta semana pasada con Pablo Iglesias, a quien la televisión le ha hecho un panegírico programándolo en varias cadenas casi en horas similares. Estuvo con Joaquín Reyes el viernes, con Susanna Griso el martes y casi a la misma hora con Ana Rosa, compitiendo, cómo no, consigo mismo. Esta nueva manera de acercarnos tanto a un personaje hasta quemarlo no creo que yo que les haga ningún beneficio por mucha promoción (que ya parecen actores hablando de su película) que se les haga. A los espectadores, como a los votantes, nos siguen tomando por tontos y no hay que saber mucho de esa ciencia inexacta que es la audiencia para darse cuenta de que, después de la carga insoportable que está siendo esta falta de entendimiento, el debate a cuatro nos la trae al pairo. Y no por desinterés, sino porque tenemos muy fresca la temporada anterior, nos sabemos el guion de pe a pa y sobre todo cómo acaba el cuento.