Contemplar en directo la migración del reno, un viaje en barco de 134 horas o una quedada para hacer calceta, el nuevo modelo noruego de televisión para desconectar de la sobreinformación y la publicidad constantes
23 mar 2016 . Actualizado a las 20:44 h.Vivimos en un mundo en el que nos hemos acostumbrado a recibir información y publicidad constantemente y en todas partes. La televisión, nuestros teléfonos móviles, las calles; todos, mandándonos sin pausa estímulos para que nos enteremos de ciertos asuntos o compremos determinados artículos.
Pero mucha gente, en algunos momentos, necesita desconectar de la vorágine del mundo que le rodea. De ahí nació, en Noruega, el concepto de slow tv, una televisión de un realismo llevado al extremo, de una naturalidad máxima, en directo, sin guiones, efectismos, artificios ni sobreinformación. Si no está sucediendo nada, no pasa nada.
El inicio de esta tendencia, que en el país nórdico ha conseguido tener un nutrido número de seguidores (un millón en un país de cinco millones de habitantes), se dio en el año 2009, cuando la NRK decidió emitir en vivo un viaje de siete horas en tren desde Oslo a Bergen.
A partir de ahí, se sucedieron todo tipo de situaciones, largas, visualizadas en tiempo real, desde un viaje en barco por la costa noruega de 134 horas hasta la migración de un rebaño de renos pasando por juntanzas de personas para hacer calceta.
La acción no es lo importante, tampoco la emoción ni la intriga. Solo la contemplación. Sin espectáculo ni cortes en la sala de edición. Si hay que seguir durante 24 horas a participantes en la pesca del salmón, se exhibe en toda su cotidianidad. Si se decide grabar durante 60 horas a un maratón de coros, eso será lo que el espectador vea. No hay trucos ni publicidad falsa. Lo que esperan ver es, precisamente, lo que acaban observando.
En la web del canal NRK, donde se puede presenciar los eventos en vivo, que han sido previamente anunciados como si se tratara del último programa o serie revelación de las televisiones generalistas, se puede acceder al contenido y ver cómo arden un grupo de troncos de madera o los partos en un establo de ovejas en el que llegan al mundo 200 corderos. Todo retransmitido en directo en toda su crudeza.
¿Es la slow tv aburrida? Depende de quién lo analice. Si lo que quiere el espectador es enterarse en cuestión de minutos del último lío de Gran Hermano, de la última reunión política infructuosa o de la enésima declaración impertinente de un famoso venido a menos, este tipo de emisiones no son para él. Ese espectador es un consumidor de fast tv, de la televisión de consumo rápido, que no cesa a la hora de proporcionar esos estímulos constantes.
Lo contrario es este tipo de televisión ofrecida por la NRK en la que, mientras sostenemos nuestra taza de té o un chocolate caliente y nos relajamos, podemos contemplar, como si de una ventana al mundo se tratase, qué es lo que pasa en otro lugar, como si estuviéramos allí.