Tiene mérito lo de la capa


El día 1 de enero no existe... ¡son los padres! Así que en esta jornada fantasma de resaca, empacho y mala uva encaminarse a la reflexión es tarea imposible aunque sea para hacerlo sobre Cristina Pedroche. Ella se ha convertido en esa línea infranqueable que divide la cena de Nochevieja, que viene a ser como una especie de «encuesta» de campaña política en la que aún seguimos. ¿Nos movemos al cambio o nos mantenemos firmes en el lado conservador? Y en ese guirigay de «vamos a ver a la Pedroche» y «deja la 1 que ahí no fallan» se perfiló el extremo en el que últimamente nos movemos los españoles. Ni en los mejores años de nuestra vida, ni en el auge del ladrillazo, hubiésemos pensado que dar las campanadas requería tanta piel y tanta transparencia. Palabra, por otra parte, que debería estar en ese top ten de los nuevos tiempos. No se puede desear tanta transparencia como hemos pedido en todo este año y después cerrar los ojos como si nada. Es el propósito al desnudo que hemos reclamado. Mientras los gurús del estilismo se decidieron a quedarse en ropa interior, Pedroche se aligeró como es tendencia en ella, pero sin la sorpresa del año pasado. Hemos cogido una estela que solo puede brillar en el cuerpo a cuerpo, y dar las campanadas en el 2030 será porno duro. Tiene mérito que para entonces Ramón García siga llevando la capa.

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Tiene mérito lo de la capa