LLa Fundación del Español Urgente no la ha seleccionado como candidata a palabra del año. Sin embargo, este 2015 no se entendería (al menos, políticamente) sin los conocidos memes, esos montajes o imágenes trucadas que inundan de chispa, chistes fáciles o hasta mal gusto los móviles y las redes sociales, sin necesidad de que, como hoy, sea el Día de los Santos Inocentes. El humor ha sido el claro (y hasta ahora único) vencedor de las elecciones. A los usuarios (con mucho tiempo libre) no se les puede negar que no hayan participado (a su manera) de la campaña.
El ingenio de estos creadores queda fuera de toda duda. Casi al instante parodian con tino y lucidez desmanes o deslices, se ceban con errores o se desmarcan con ácida ironía de este tiempo de cambio (muchos memes ponen humor a la incertidumbre electoral). El objetivo es lograr la máxima gracia y notoriedad, en un fenómeno viral explotado por los medios.
Cualquier evento y curiosidad, incluso los variopintos votos nulos, tienen hoy en día su correspondiente repaso visual y humorístico. Los usuarios ya casi demandan este rápido entretenimiento informativo. El problema surge cuando esta retransmisión en paralelo tan trivial y anecdótica, de la que se abusa, centra el discurso o es casi más esperada que la propia actualidad.