El contradebate

Beatriz Pallas ENCADENADOS

TELEVISIÓN

Decidir quién ha sido el ganador del bronco cara a cara político es algo que queda abierto a percepciones particulares hasta el domingo. Pero el enfoque televisivo de la cita ya tiene su veredicto. Ante la señal institucional producida por la Academia de Televisión, que TVE repartió por igual a todas las cadenas que quisieron emitirla, el público nacional venció la inercia que tradicionalmente convertía a La 1 en líder en la materia y aupó a La Sexta. Este canal escenificó el enfrentamiento entre la vieja y la nueva política que se dirime en estas elecciones con un ejemplo de la diferencia entre la vieja y la nueva forma de hacer televisión.

A la coreografía añeja del cara a cara bipartidista, a una escenografía aséptica como un quirófano y a unos primeros planos sobrados de maquillaje que arruinaban cualquier posible telegenia, La Sexta incorporó un contradebate en el que quienes valoraron a Rajoy y Sánchez fueron los líderes de las dos fuerzas emergentes que pueden ser decisivas a partir del lunes. Después de los inesperados improperios que habían proferido en la mesa camilla dos contendientes que se lo juegan todo, Pablo Iglesias y Albert Rivera se estrecharon la mano, cordiales, convencidos de que aquello que acababa de concluir había sido no solo el epílogo de los debates a dos, sino el fin de una época. Mientras, los que no fueron invitados a la fiesta clamaban en las redes sociales pidiendo a la gente que apagara el canal.