uando un personaje de una serie anuncia un viaje a La Habana es hora de empezar a sospechar que tiene los capítulos contados. Las pruebas lo demuestran. Cuba se ha convertido para la ficción española en el castillo de irás y no volverás, el viaje sin retorno adonde los guionistas facturan a personajes obligados a desaparecer del mapa cuando los actores que los interpretan cambian de trabajo. Aída escapó al verde caimán para que su actriz pudiera huir, a su vez, del personaje. El secreto de Puente Viejo consumó allí a algún retiro forzoso. Enviarlas a una playa del Caribe es lo más amable que los guionistas pueden hacer para despedir de forma benévola a sus criaturas. Para otras, su destino es una muerte trágica que conmocione al público, desde la de Álex, en Serramoura, a la de Anatomía de Grey. Hay defunciones violentas que se consuman no una sino dos veces, como la de Charlie Harper en Dos hombres y medio, mientras que otros simplemente siguen viviendo como si nada con un rostro nuevo, como la hija de los Alcántara.
Miguel Ángel Silvestre ha sido el último en emprender camino a Cuba, lejos de Velvet, pero se desvió de su destino fatal en un capítulo lacrimógeno que dejó abierta la puerta a un futuro regreso, cuando el rodaje de Sense 8 se lo permita. Ya hay quien deshoja la margarita para averiguar, en su ausencia, quién será el guapo que lo sustituya.