Adiós, emperatriz

Beatriz Pallas ENCADENADOS

TELEVISIÓN

Una de las ventajas de ser un rey absolutista es el privilegio de iniciar en noviembre las vacaciones navideñas. Así lo promulgó este lunes el católico rey Carlos, que se despidió hasta enero con uno de sus capítulos más dramáticos, el del adiós a la emperatriz Isabel. Lo malo de este descanso de Carlos, rey emperador es que no obedece a su graciosa voluntad ni a prebendas aristocráticas sino a la prosaica aritmética de audiencias.

Las razones por las que la ficción sobre Carlos I de España y V de Alemania no ha triunfado entre el público tanto como la crónica de su abuela son un misterio. Tal vez a esta serie le falta el peso del relato de los reyes católicos y los amores y traiciones de Isabel. La vida del emperador Habsburgo es más compleja para el prime time, con varios frentes abiertos, muchos reinos, multitud de personajes y un protagonismo para la trama de Indias de Hernán Cortés mayor que el que Colón tuvo en Isabel. La historia es así. A pesar de la tibieza, Carlos sigue siendo un producto notable con la vocación didáctica que se espera de una televisión pública.

Después de un capítulo con tanto sabor a final, la serie se marcha durante más de un mes cruzando los dedos para que el público no se desenganche para los cinco capítulos que restan. La pérdida de Blanca Suárez, que constituía uno de sus ganchos para la audiencia, no ayudará a retenerlo.