Padres

Beatriz Pallas ENCADENADOS

TELEVISIÓN

Dos padres. Ella, de presunto luto; él, con gesto altivo. Se han convertido estos días en protagonistas de horas y horas de televisión de plano fijo, bucles de testimonios en los que los límites de la información empiezan a desvanecerse. El ojo público que vigila en el juzgado de Santiago la comparecencia de los padres de Asunta se ha convertido en la versión más truculenta de la telerrealidad que todo lo ve. Los supuestos asesinos de su hija de 12 años intentaron repeler la notoriedad de las cámaras, pero el jurado decidió que sean enjuiciados con publicidad ejemplarizante para saciar la demanda de información de la ciudadanía, que busca en estas imágenes afianzar la sentencia popular que ya estaba emitida mucho antes de que empezase el juicio.

En una funesta alineación de casualidades, otros dos padres, también gallegos, se convirtieron en los mismos días en protagonistas de horas y horas de televisión por su hija de 12 años. Enferma irreversible, defendían que hace ya dos meses le llegó su hora y la prórroga artificial que la medicina le concede está de más. Luchaban por lo que su instinto les dictaba, una muerte digna para Andrea, pero tropezaron con las instituciones y la burocracia. Por ella se enfrentaron a las cámaras con la mirada limpia y el duelo digerido. Ahora dan gracias a los medios por su sensibilidad, conscientes de que solo la exposición pública de su dolor más hondo ha conseguido desobstruir su situación.