No es un «GH» cualquiera

Sandra Faginas Souto
Sandra Faginas MIRA Y VERÁS

TELEVISIÓN

26 sep 2015 . Actualizado a las 05:00 h.

De Gran Hermano se ha escrito tanto, le han dado tanta caña, han despreciado tanto a sus espectadores, a sus concursantes, a las excentricidades de su presentadora que dieciséis ediciones después es imposible no caer rendida. Casi como la primera vez. Porque este GH no es uno más, es, después del impacto de su estreno, el mejor construido desde su arranque, con la dificultad de poder sorprender a estas alturas a una audiencia hecha a todo tipo de realities, de desvergüenzas, de sobreactuaciones, de personajes de quita y pon, de bostezos andantes, de «juanis» y «viceversos»... Y claro que GH tiene toda esa combinación en esencia, pero esta vez han conseguido retorcerlo con una estructura y un casting demoledor, de esos que te hacen plantarte sí o sí frente a la pantalla (y da igual si es para decir al día siguiente lo anormales que son todos). Porque es verdad que hay mucho de eso en ese voyerismo, que a la gran mayoría de espectadores nos da cierta alegría, cierta medida de sentido de común, de «qué normal soy», «de qué poco interés tengo». Esa hiperrealidad de Guadalix nos achica a todos como gente corriente con la capacidad de curiosear y extrañarnos hasta el extremo con los otros. Remover ese guion añadiéndole secretos, falsas realidades y jugar con las apariencias ha barrido cualquier asomo de aburrimiento para los quieren esta televisión.