Ella es capaz de arreglarlo todo. Con su sombrero blanco, con su bolso de Prada, con su equipo de gladiadores capaces de borrar todo rastro de mácula en políticos metidos en la basura hasta las cejas. Ha sacado al presidente de Estados Unidos de más de un atolladero. Y a senadores. Y a congresistas. Hasta es capaz de enfrentarse a una agencia de inteligencia secreta que dirige su propio padre. Pero Olivia Pope todavía no se ha encontrado con el verdadero Scandal. Porque Olivia Pope, desde el 1600 de Pennsylvania Ave, conoce bien las cloacas de la política estadounidense. Pero no se ha enfrentado al pozo negro gallego. Tres días de campaña. Veintisiete candidatos imputados. Varias sanciones por electoralismo de la Junta Electoral Central. Denuncias por uso partidario de los concellos. Denuncias por manipulación del voto, por carretaxe. Bajas y altas de partidos sin ton ni son. Candidatos que prometen y desprometen dimitir. Y así, en medio del Scandal más grande que haya visto la política a este lado del Atlántico, los gallegos tenemos que decidir qué papeleta meter en la urna. La situación en estas municipales es tal que ni siquiera los gladiadores de Olivia Pope son capaces de dar lustre a la mugrienta imagen de los políticos que, desde los carteles, sonríen con ojos vacíos prometiendo un municipio mejor. Hay cosas que es mejor tirar a la basura. Porque ya no se pueden limpiar.