Antes del amanecer

Beatriz Pallas ENCADENADOS

TELEVISIÓN

08 abr 2015 . Actualizado a las 05:00 h.

El nudo en la garganta y la piel de gallina que provocan algunas canciones son efectos secundarios de una reacción química. Expertos en neurociencia tomaron hace unos años Someone like you, de Adele, como paradigma de los efectos fisiológicos de la música pop y detectaron que en sus pasajes más emotivos regían patrones que funcionaban como una inyección de dopamina y ponían en alerta al sistema nervioso.

Las conclusiones habrían sido muy distintas si el objeto de estudio fuese la canción de España en Eurovisión, que, pese a sus gorgoritos épicos, sigue sin generar empatía en buena parte del público. Es cierto que las grandes expectativas y la escasa fortuna histórica hacen que cada año se examine al candidato con poca indulgencia, pero la primera interpretación en directo del Amanecer que llevará Edurne a Viena, escondida el lunes de madrugada en Alaska y Segura, confirmó esa sensación. Con la rigidez de una estatua encaramada a un pedestal, la cantante afrontó tensa una canción que va cayendo en las apuestas. Una puesta en escena poco vital y las contorsiones contenidas no ayudaron a mejorar un producto que parece una pócima creada con pizcas de cosas que funcionan en las listas de éxitos: un poco de la Euphoria de Loreen, unos gorgoritos de Shakira, el eco de las princesas Disney... Pero si todo es previsible, la fórmula no acaba de funcionar.