Delirium tremens


La prueba irrefutable de que este presunto país conocido como Reino de España está hundido hasta las cachas en una crisis devastadora no es la medida rutinaria del PIB, que se desploma en las gráficas casi al mismo ritmo que los guarismos del paro escalan todos los Tourmalet del mundo. Qué va. El teorema de nuestra irreversible decadencia se demuestra a la luz de un dato mucho más simple que los subidones de la prima de riesgo y los meneos de la Bolsa. Lo del déficit hasta las nubes, la deuda estilo paquidermo y el flipe del diferencial con el bono alemán son solo síntomas de la debacle. Pero el diagnóstico definitivo de la hecatombe lo tenemos más a mano. En la tecla número cinco del mando a distancia. Porque las pantallas están escupiendo la edición número catorce -sí, catorce- del mayor bodrio de la historia de la televisión mundial. Gran hermano solo ha sido igualado en la escala de la degradación humana por algunos de sus primos, como Gandia Shore, pero nadie puede arrebatarle a GH ni a su insaciable profetisa, la presentadora que un día se llamó Mercedes Milá, el haber sido los pioneros en la senda sin retorno del delirium tremens televisivo. Y qué más da que Milá nos agriete los ojos con su lencería o Argi saque de paseo a ETA. El share es el share.

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