Reírse o no reírse con José Mota

El humorista ha vuelto, ahora en Telecinco, con el mismo programa que hacía antes pero en dosis aumentada


Redacción / La Voz

Existen dos Españas y no son la que cree a Rajoy y la que no. La frontera es el humor, también capaz de repartirnos en dos sectores: el de aquellos que se ríen con José Mota y el de aquellos que no. El primer grupo está de enhorabuena. El humorista ha vuelto, ahora en Telecinco, con el mismo programa que hacía en La Primera pero en dosis aumentada, y lo ha hecho con un registro de audiencia notable teniendo en cuenta que se batía con Cuéntame. La noche de José Mota logró pisarle los talones a los Alcántara al congregar a 3,6 millones de espectadores (un 17,4 % de cuota de pantalla, solo un punto menos que la serie de TVE).

Lo que para estos ciudadanos de risa abierta fue jolgorio y celebración causó la misma perplejidad de siempre en los miembros del segundo grupo, aquellos que siguen sin lograr troncharse con los chistes del exmiembro de Cruz y Raya y sin entender el secreto de su éxito. Hay gente que ni tuerce el gesto, por ejemplo, con un gag en el que el cómico se dedica a llamarle «tonto» a otro. Y añade aún más: «Tonto tú, y tu padre y también tu abuelo». Así de simple. No hay aristas, ni dobles sentidos ni resquicio para la ironía. Tonto y punto. El humor llevado a sus orígenes. Ante tamaño desafío poco pueden hacer aquellos que permanecen con semblante serio ante la pantalla, porque la carcajada es un resorte primitivo. Te sale o no te sale y cualquier intento por contenerla o forzarla está abocado al absurdo.

Como no todo es blanco o negro, algunos encontraron puntos de encuentro en bromas como la del autónomo que va a pedir un préstamo al banco para montar una ferretería, que estuvo entre lo más universal del programa. El incauto emprendedor acaba de monologuista en un club de la comedia ante miembros del sector financiero que se desternillan. «Dicen que cuando vas al banco a pedir un crédito se ríen en tu cara...», alega el ingenuo postulante.

Pero sin lugar a dudas lo más hilarante del programa fueron las tomas falsas, esos recortes sobrantes donde los actores se muestran sin careta, con ataques de risa sinceros e incontenibles que, estos sí, contagian a todos los espectadores por igual. El resto es para incondicionales.

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