Dos dioses bajaron esta semana del Olimpo del cine para habitar entre nosotros. Conscientes de la complejidad de vender su película sobre Lincoln al consumidor de palomitas medio, Steven Spielberg y Daniel Day-Lewis no hicieron lo que acostumbran sus colegas cuando están en promoción: visitar El hormiguero. En lugar de jugar al quimicefa, ambos artistas eligieron bregarse a lo grande en dos programas de actualidad política, Los desayunos de TVE y Al rojo vivo.

Con María Casado se sentaron los dos para disertar sobre Lincoln, Obama, la reforma sanitaria en Estados Unidos y «cierta crisis de confianza» entre ciudadanos y políticos. Apenas una pregunta colateral sobre cine.

La entrevista de La Sexta con el cineasta también versó sobre trampas en política, indignados y desempleo. En ambos casos los artistas fueron consultados como oráculos que albergaran las claves para los problemas del mundo. Tanto, que Spielberg dijo basta. Cuando Casado le preguntó por la posesión de armas en su país, el director la esquivó: «Me encantaría hablar de eso, porque tengo una opinión muy clara sobre el tema, pero no quiero distraerme del respeto que Lincoln merece». O como diría Umbral, yo he venido aquí a hablar de mi libro.