Lo de Nochevieja es la televisión generalista en estado puro. Un zombi que ni siquiera es consciente de ser un cadáver andante en medio de la autopista digital e interactiva. El Fin de Año, con su trasnochado carrusel de playbacks, smokings pasados de talla, gominas de otra era y muñecas parlantes embutidas en vestidos barrocos, es la auténtica obsolescencia programada: un cutre y larguísimo espacio pregrabado sin rastro de guion ni talento, donde los famosetes y locutores de turno se limitan a lucir tupé y muslamen. Lo de Telecinco es todo esto, pero multiplicado al menos por el guarismo que da nombre a la cadena de Berlusconi. Y eso que los mandamases del tinglado no sacaron del camerino a Jorge Javier. Salió a escena su sustituta habitual, la presunta cómica Paz Padilla, que quizás en algún universo paralelo algún alienígena encuentre chistosa, pero que en el Sistema Solar no pasa de ser la clásica graciosilla plana y previsible. Una desmelenada Padilla nos propinó La noche en Paz, un especial más viejuno que una peli de Paco Martínez Soria en Cinexin y que, en el fondo, parecía un refrito de las grabaciones sobrantes del programa que ya nos había asestado la cadena de Mediaset en Nochebuena. Las uvas en sí las condujeron el logo de una tarjeta de crédito tuneado de comecocos y tres personajes de La que se avecina, que, tras fingir el secuestro de Paz Padilla y Joaquín Prat junior, se hicieron con el timón de unos chascarrillos gruesos y algo fachas. No sé, pero para zombis, yo me quedo con los de Walking Dead. Algunos de esos fiambres tienen bastante más chispa que los desnortados guionistas de esta Nochevieja de los muertos vivientes.