Micrófonos pinchados

Beatriz Pallas ENCADENADOS

TELEVISIÓN

Hay que reconocer que resulta amena esta nueva forma de ver la televisión en sesión multipantalla, con un ojo en la tele de toda la vida y el otro en el móvil o la tableta. Mientras que antes había que esperar al café del día siguiente para destripar las mejores jugadas de un programa, ahora las tecleamos en tiempo real y las comentamos con propios y extraños, algo que nos ha descubierto un nuevo ejercicio lleno de ingenio, buen humor y, admitámoslo, a veces mucha mala baba. Los comentaristas de los juegos olímpicos están probando estos días un poco de esta medicina, que ya se le aplicó, sin anestesia, a una locutora de Telecinco durante la Eurocopa. La masa se ha erigido en juez implacable, que mete el dedo en el ojo y no perdona el traspié. Una veterana como María Escario lo vivió en carne propia en la ceremonia de inauguración, donde sus comentarios hilarantes fueron diseccionados con mordacidad, aunque sin llegar al hartazgo del Gracias Sara. Compañeros suyos también fueron vapuleados estos días en las redes sociales cuando unos micrófonos abiertos desvelaron la cara B del atildado lenguaje televisivo. La comentarista de natación confesaba sin apuro en Teledeporte que «la primera serie es de mataos», mientras que el narrador de kayak en aguas bravas se negaba a llenar minutos de retransmisión: «¡Para qué voy a seguir si aquí ya no hay nada!». Pues eso, para qué. Anécdotas laborales que antes habrían pasado inadvertidas hoy se convierten en temas del momento para conjurar el aburrimiento.