El cura de «Gran Hermano», suspendido por la Iglesia

Cristian Reino / Colpisa

TELEVISIÓN

Juan Pedro Molina, uno de los inquilinos de la casa de Guadalix, no podrá confesar a fieles ni celebrar la eucaristía mientras permanezca en el «reality».

21 ene 2012 . Actualizado a las 21:39 h.

Ser cura católico no es compatible con la participación en realitys como Gran Hermano. Esa es la opinión de la orden de los Misioneros del Sagrado Corazón y del Arzobispado de Barcelona, que han suspendido de forma temporal al sacerdote Juan Pedro Molina, uno de los trece inquilinos de la casa más famosa de Telecinco.

«Después de haber constatado que el padre Molina Sanz ha expresado su voluntad de participar en el programa en contra de una orden explícita de su Provincial, los Misioneros del Sagrado Corazón (orden a la que pertenece) le declara suspendido a Divinis», señala el decreto firmado por el superior de la congregación, Mark McDonald, y el secretario general, Luis Carlos Araujo, reunidos el jueves pasado en Roma.

Eso quiere decir que mientras permanezca en Guadalix de la Sierra, en el chalé de la productora del grupo Endemol, le está prohibido todo trabajo pastoral por los fieles, la celebración pública de la eucaristía y la predicación, así como se le imposibilita confesar a otra personas.

Molina ya era consciente de las consecuencias que le acarrearía su entrada en la casa y se lo advirtió a uno de los concursantes, David, que le pidió poder confesarle sus pecados. «No puedo, lo primero porque se iba a enterar toda España, y además porque yo aquí dentro no puedo ejercer», le avisó con las cámaras delante. La decisión de la orden de los Misioneros del Sagrado Corazón le fue comunicada al padre Molina por el arzobispado barcelonés y también directamente por correo electrónico, según la nota emitida por la diócesis catalana. Su madre confesó que «todos los días le ponía una vela a la Virgen del Sagrado Corazón para que no le llamaran para concursar». Él sabe que se ha metido en un lío y sabe a quien pedir ayuda ahí arriba, cuando reza: «Jefe, échame un cable», dijo en su presentción como concursante.

Con su suspensión temporal, que quedaría sin efecto en caso de que tuviera que atender a fieles en peligro de muerte (ahí sí que se dispararían las audiencias), la congregación de los Misioneros del Sagrado Corazón busca «suscitar en el padre Molina un deseo sincero de cambio y de conversión». Y además «suplica a las autoridades eclesiásticas y sobre todo a los obispos más implicados que vigilen para que respete este decreto en el espíritu en que fue dado, es decir, para la protección de los fieles y en vista de su propia conversión». Su hermana relató que al padre Molina le «gustaban mucho las chicas». Veremos qué le ocurre si cae presa de los famosos 'edredonings' de la casa.

Y es que Molina, que ejerce de profesor en un colegio de Barcelona, no es un cura al uso. Le gusta ir al gimnasio, las motos de gran cilindrada y es muy aficionado a escuchar música heavy, como el padre Johnny, el otro cura catalán que ha puesto a la Iglesia en algún que otro aprieto y se ha hecho famoso por sus conciertos de rock duro.