En una época en la que uno se toma un helado y al segundo ya lo está contando en las redes sociales, quien se haya creído la muerte de Dani Martín en el Hormiguero es que o no tiene conexión a Internet o, si la tiene, está enganchado a la Wikipedia. Porque bastaba con husmear en el Twitter del cantante para comprobar que todo había sido una broma y que la sangre no había salpicado sus tarareadas zapatillas. Una broma muy lograda, no tanto por ver tronco y cabeza separados, sino por la reacción de Motos diciendo «¡hostia! ¡fuera, fuera!» y por el aparente caos de las cámaras, que dieron con el objetivo en el suelo. Luego, un previsible corte para publicidad tras el que apareció el rostro del pelirrojo aún más pálido que Arias Navarro: «Ha habido un fallo, mañana daremos las explicaciones». De verdad, en una etapa de la televisión en la que no se improvisa ni mascar un chicle, ¿alguien puede pensar que un programa basado en la gamberrada no aspire a hacer gamberradas cada vez mayores? Motos y su equipo han estado brillantes en la ejecución y en el resultado: cuatro puntos por encima de su audiencia habitual y una repercusión en las redes sociales que, hoy en día, es la mejor publicidad. Eso sí, el día que ocurra algún incidente, como en el cuento del lobo, no nos lo vamos a creer.