Tengo la teoría -y ahora quémenme en la hoguera u oblíguenme a escuchar a Toni Genil un día entero si quieren- de que aquella escritora resabiada de Cabot Cove, que descubría siempre al asesino, Jessica Fletcher, era en realidad una asesina en serie, capaz de utilizar las pruebas en su provecho y echarle el muerto a otro, nunca mejor dicho, para tener algo jugoso sobre lo que escribir. Vendría a ser como aquel presentador latinoamericano de un programa de sucesos que encargaba los asesinatos para tener él la primicia. O eso, o simplemente era gafe.
Quien no lo es, y menos para Televisión Española, es de la versión rejuvenecida de Fletcher, la inspectora Laura Lebrel, que interpreta, con la naturalidad y la ingenuidad que la caracterizan, la gallega María Pujalte. Lebrel luce gabardina y aire despistado a lo Colombo y tiene una humildad que la escritora no poseía, suponemos que porque una es mamá de gemelos y la otra se pasaba el día entre cócteles y eventos deportivos. Huyendo del clásico esquema muerte-investigación-resolución, Los Misterios de Laura sorprenden al espectador sin ser una serie novedosa. Y, por lo que se ve, tampoco lo precisa.