El actor y director Spike Jonze, seudónimo del publicista Adam Spiegel, está entre lo más original y extravagante del cine norteamericano actual desde que debutara en 1999 con C ómo ser John Malkovich (22.00 horas), por la que logró numerosos premios (Fipresci en Venecia, Bafta británico al mejor guión y varios del Círculo de Críticos Cinematográficos de Nueva York, entre ellos), además de varias nominaciones, al Oscar de mejor director, actriz secundaria y guión original, además de otras cuatro a los Globos de Oro.
Jonze, que logró notoriedad como compañero sentimental de Sofia Coppola, es dueño de una filmografía en el mismo tono atípico, que la crítica norteamericana califica en general como indie, cuya característica común está en un humor próximo al surrealismo. Después de su debut dirigió las también singulares El ladrón de orquídeas (2002), Donde viven los monstruos (2009) y más recientemente I'm Here (2010), todavía inédita en las pantallas españolas.
Lo primero que sorprende del filme es el amplio y generoso sentido del humor de John Malkovich para reírse de sí mismo, a lo que habría que añadir el descaro de Jonze para proponer una película en la que caben adjetivos que van desde la extravagancia a la osadía a partir del personaje del artista de marionetas Craig Schwartz (John Cusack), ahora en crisis personal hasta llevarle a una situación muy próxima a la depresión ante la percepción de que su vida artística es un desastre. Casado desde diez años atrás con una tendera que vende animales, también cree que la propia ciudad de Nueva York ya no es lo que era. Dispuesto a cambiar de vida, logra encontrar trabajo en el edificio Mertin-Flemmer de Manhattan, concretamente en el piso 7,5. Una pequeña puerta da a un pasillo secreto por el que puede entrar en el cerebro de John Malkovich.
Lo más paradójico es que la crítica norteamericana se mostró entusiasmada ante el filme, mientras la europea se repartió entre los elogios de la francesa y la indiferencia del resto.