Nostalgia de Cicely

TELEVISIÓN

Veinte años después de comenzar a emitirse, son millones los fans de Doctor en Alaska aferrados a su recuerdo. Los foros se llenan de elogios hacia una serie que les cambió la vida. Algunos hasta reconocen haber elegido la carrera de Medicina gracias a la peripecia del doctor Joel Fleischman, neoyorquino, algo neura y obligado a ejercer durante unos años su profesión en un remoto lugar. Pero la coincidencia es abrumadora con el bonito pueblo de Cicely, en realidad Roslyn, Washington, Alaska, una pequeña ciudad que ahora tiene entre sus reclamos turísticos sus casas, sus montañas, su nieve y sus bosques puestos a disposición de 110 capítulos que para muchos son el origen de la renovada ficción televisiva de la que luego derivarían seriales memorables bien conocidos. Ese alce que pasea tranquilamente sus calles?

Muchos habrían querido vivir en Cicely, un pueblo de ensueño, casi de cuento pese a haber historias para todos los gustos y no regatear espacio al drama y a la crítica ácida, pese a predominar la comedia agridulce, coral, de personajes variopintos que a modo de vidas cruzadas se metían en tramas muchas veces coyunturales y al filo de la realidad, otras optando por la fábula y el cuento que habría hecho las delicias de Frank Capra y su ¡Qué bello es vivir! Pero no solo eran sus espléndidos guiones, también su factura, puro cine en cuanto a dotar de vida interior a los personajes, meterlos en actores creíbles y próximos. Sin olvidar el espacio radiofónico Chris de la mañana, con sus monólogos y sobre todo su espléndida selección musical desde la KBHR.

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