Unos 260 aspirantes gallegos, entre los que proliferaban parados y estudiantes, se presentaron a las pruebas del concurso, que también acusa la crisis
22 jul 2009 . Actualizado a las 02:00 h.Santiago, junto con Madrid y Málaga, fue una de las tres ciudades en las que comenzó ayer la segunda fase del casting de la undécima edición de Gran Hermano . A lo largo de todo el día, agrupados en cuatro tandas, los aspirantes gallegos que completaron el formulario por Internet y pasaron la primera criba, unos 260, se dieron cita en el Hotel Palacio del Carmen.
Tras entregar los cuestionarios, con sus datos y las fotos anexadas -incluidas de la familia y amigos-, pasaban por la primera prueba, una entrevista presencial, ante Merche Medina, una de los integrantes del equipo de casting , prueba destinada a cribar en función de la actitud de los aspirantes. En tan solo dos minutos que les daba a cada uno determinaba «si tienen algo que contar» y, decidía cuales pasaban a la segunda prueba, ya delante de la cámara. Aquí los aspirantes a inquilinos de la casa mediática eran entrevistados «más en profundidad» con preguntas «sobre ellos y su vida».
De las palabras de la examinadora se deducía que «quedarse quieto, sin saber qué decir o con las manos cruzadas sin saber qué hacer», significaba olvidarse de llegar a Guadalix de la Sierra, que es donde está instalada la casa. El físico, en cambio, según Medina, no era ni ha sido nunca ninguna traba para llegar a Gran Hermano . «Lo importante es que esa persona te esté diciendo algo, ya que luego tiene que estar conviviendo en una casa llena cámaras», argumenta la entrevistadora. En la siguiente fase, en Madrid, a los seleccionados en Galicia -el año pasado fueron 12- les esperan duras pruebas de resistencia delante de psicólogos.
Nuevas experiencias
Como si el célebre concurso fuera un reflejo de los tiempos que vivimos, la crisis parece que ha disparado la cifra de aspirantes que, en gran parte, eran parados y opositores. Así, por ejemplo, el segundo de los que pasaban por la primera prueba, Christian, un joven compostelano, confesaba haberse presentado porque no sabía qué hacer: «Estoy en paro y me da igual». Este también era el caso de la coruñesa Beatriz García, una chica sin trabajo que esperaba, con cierta ansiedad, su hora ante la entrevistadora del casting . Otra joven, Tania, residente en el vecino municipio de Bertamiráns, que decidió hacer un alto en la preparación de sus oposiciones al cuerpo de la Guardia Civil, era otra de las que hacían cola para opositar a la codiciada casa de Telecinco.
A Coruña fue el principal punto de procedencia de los participantes en estas pruebas. Alicia nació en Uruguay, vivió en Italia, es psicóloga de profesión y trabaja en un gimnasio. No confiaba en que su cualificación le diese ventaja en la entrevista. «Me haría mucha ilusión entrar en este concurso, no por ser famosa sino por vivir algo nuevo», declaraba sobre su interés por Gran Hermano poco antes de pasar por el «confesionario» de Merche.
Los emigrantes tenían también una presencia destacada entre los aspirantes. Fransi Paola llegó desde A Pobra do Caramiñal. Colombiana de nacimiento y peluquera de profesión, se recupera de un accidente doméstico. Confesaba que el concurso es para ella una posibilidad de mejorar. «Tengo una hija y me acabo de separar».