El arte y la danza han sido y son los ejes en la vida de Víctor Ullate Roche. Sus apellidos le delatan. Hijo de los artistas Carmen Roche y Víctor Ullate, se ha convertido en uno de los nombres clave de la danza tras diplomarse en la escuela Rudra de Teatro, Danza y Canto de Maurice Béjart en Lausana (Suiza). A su regreso a España realizó estudios de baile clásico y contemporáneo.
Desde el pasado año dirige la academia de ¡Fama a bailar!, el concurso de Cuatro que busca nuevos talentos de la danza y que estos días prepara su regreso a la pequeña pantalla.
-¿Cómo ve el nivel de esta edición?
-Está siendo muy bueno. Parece que la gente viene más preparada y cada vez nos sorprenden con pasos y formas nuevas. Nos hemos puesto más exigentes que el año pasado y lo estamos consiguiendo.
-¿Qué diferencias encuentra con la temporada anterior?
-No muchas. La danza siempre será una profesión que requiere mucho esfuerzo y los participantes tienen que demostrarlo. Esta vez tienen la ventaja de que ya conocen el programa.
-¿Qué les dice a las nuevas generaciones?
-Que bailen. Es la forma más sana y maravillosa de pasar el tiempo.
-¿Así define el baile?
-Sí, puede ser una de las definiciones. También lo veo como una forma de vivir y de amar, algo que aporta felicidad.
-En su momento pasó por la misma situación que los alumnos ahora. ¿Cómo recuerda sus primeros «castings»?
-Con muchos nervios. Por eso siempre tengo en cuenta que pueden jugar una mala pasada y bloquear a los concursantes. Siempre intento desinhibirlos y crear un ambiente distendido para que puedan ser ellos mismos.
-¿Qué novedades va a tener esta edición?
-Más asignaturas y un mayor nivel de exigencia.
-¿En qué situación se encuentra el baile en España?
-Hay mucha gente que desconoce este arte. Lo bueno del programa es que ofrece más datos sobre esta profesión. Es muy importante que el espectador conozca los beneficios de la danza, porque muchos lo consideran aún como algo sin futuro.
-¿Se enseña con sentimiento o con técnica?
-Soy partidario de dar primero la teoría y luego ponerle toda la pasión posible. De lo contrario puede ser perjudicial.