La estrella mundial de la danza visitará A Coruña dentro de su gira mundial de despedida. El argentino deja las tablas y se concentrará en la dirección
25 jun 2007 . Actualizado a las 07:00 h.Uno de los grandes de la historia de la danza. Podría ser el resumen de la carrera de un Julio Bocca que ha mostrado su talento en compañías como el American Ballet Theatre, el Royal Ballet de Londres, el Bolshoi de Moscú o el Kirov de San Petersburgo. Próximo a los 40 años, Bocca ha decidido retirarse de las tablas y concentrarse en la dirección del Ballet Argentino, creado por él mismo, y el 2 de agosto visitará A Coruña dentro de lo que será la gira de despedida de Bocca de los escenarios. -Elegí Adiós hermano cruel por varios motivos. Primero, obviamente, porque me encanta ya que ofrece muchas aristas riesgosas en cuanto a la actuación, además del baile. Y también porque es una obra completa, y creo que al público le gusta mucho más ver una obra así, con una historia que al final de la noche se puede contar. Es un gran espectáculo, con una gran producción y creo que el público de A Coruña merece verla. -¿Por qué eligió A Coruña, entre sus escalas para su retirada de los escenarios? -Porque me encanta y es un sitio donde siempre se me ha tratado muy bien. No te olvides además, que en Argentina, a todo aquel que sea español se le llama genéricamente gallego y tenemos -tanto ustedes como nosotros- familia de ambos lados del mar. Para los argentinos decir Galicia o A Coruña es referirnos a sitios emblemáticos. También tienen un teatro precioso y debo decir que es una de las ciudades del mundo donde mejor nos sentimos tratados los argentinos. -Yo siempre quise que la danza llegara a ser popular, y que trascendiera los ámbitos habituales en las que se llevaba a cabo casi como un ritual. Decidimos entonces que si la gente no podía llegar a esos sitios, poder llegar nosotros donde estuviera esa gente. Creo que en alguna medida lo hemos conseguido en mi país, haciendo funciones multitudinarias en la calle, en estadios de fútbol o en anfiteatros al aire libre. Conseguimos atraer a familias enteras, padres, hijos, abuelos, y de las más distintas condiciones sociales. Es hermoso ver la cara de esas personas, sus ojos, y el agradecimiento con el que reciben lo que se les da. Y muchas veces son personas que nunca pisaron un teatro de Ópera y Ballet. Sin embargo disfrutan con el mismo fervor que los entendidos. Pero eso sí, con mucha más inocencia. Los que no entienden de pasos y estilos, de la misma manera. -¿Qué le ha quedado por hacer? ¿Qué montaje por escenificar? ¿Qué escenario por pisar? -En lo que se refiere a mi carrera como bailarín, estoy satisfecho largamente con lo que he hecho hasta ahora. No puedo pedir más, ya que todas mis fantasías al respecto cuando comencé a estudiar en la escuela del Teatro Colón de Buenos Aires, eran infinitamente inferiores a lo que fue más tarde la realidad. Mi sueño en ese momento era pisar ese escenario, y quedarme bailando allí para siempre. A esa edad, no pretendía otra cosa. Todo lo que pasó después fue un valor agregado tan inesperado como bienvenido. No me ha quedado nada en el tintero y he pisado tanto los escenarios más famosos del mundo, como aquellos recónditos y escondidos del planeta. He bailado en grandes ciudades y en pueblos pequeños. No pido más. En cuanto a lo demás, cuando ya no baile, será el tiempo de dedicarle más esfuerzo a la escuela que tenemos en Buenos Aires, a la fundación que lleva mi nombre y se ocupa entre otras cosas de dar becas a alumnos de talento, pero con escasos recursos económicos, y a la dirección de Ballet Argentino, que continuará con sus funciones con Cecilia Figaredo como primera figura. A Coruña.