El mejor directo no se improvisa

Nacho Mirás SANTIAGO

TELEVISIÓN

ÁLVARO BALLESTEROS

Los mexicanos se ganaron al público gallego con más de dos horas de un espectáculo perfectamente diseñado para funcionar igual de bien en Santiago que en Pamplona

23 jun 2007 . Actualizado a las 07:00 h.

Le guste o no a uno el planteamiento musical de Maná, lo que es un hecho es que los mexicanos se ganaron el sueldo en el concierto que ofrecieron la noche del viernes en Santiago. Veintiocho euros por una entrada pueden ser un chollo o un atraco a mano armada en función de lo que uno se encuentre en el escenario. Pero más de dos horas de espectáculo y entrega mutua entre público y artistas bien valen el precio de un par de camisetas. La banda de Fher Olvera, Sergio Vallín, Álex González y Juan Diego Calleros se tiene bien aprendido el guión -porque un directo será directo, pero no se improvisa- que repite en cada una de las paradas de la gira Amar es combatir 2007. Salir veinte minutos más tarde de lo anunciado al escenario forma parte de ese guión, como también lo es jurarle a la parroquia local que han sido el mejor público de toda la gira -cosa que también hicieron, por ejemplo, en Pamplona-. En cualquier caso, son pequeños trucos de una puesta en escena estudiada hasta el extremo para funcionar lo mismo en Santiago que en Gijón. ¿O acaso tiene más luz la mirada de las gallegas que la de las navarras? Seguro que no. Maná se ganó la paga con un directo potente y contagioso que sirvió para que el auditorio se olvidara de esos detalles que empañan los espectáculos de masas: el caos de tráfico en los accesos, tanto a la entrada como a la salida; los problemas de acústica de un recinto que está a expensas del punto cardinal del que sople el viento; el colapso en las puertas; o las colas en las barras y en los cuartos oscuros de baño, problemas todos atribuibles a la organización, si acaso al Ayuntamiento y a las propias infraestructuras viarias de la ciudad, pero nunca a los artistas. Ni una sola canción del repertorio conocido se quedó en la recámara. Fher Olvera se fue ganando al público con guiños lingüísticos, dejó que 30.000 gargantas le hiciesen los coros y supo administrar convenientemente las dosis tralleras o románticas, según avanzaba la noche, provocando en el auditorio diferentes estados de ánimo. Además del líder de la formación, si hay alguien que merece un puesto en el cuadro de honor del espectáculo es, sin duda, Álex González, un tipo que maneja dos brazos tatuados como si tuviera catorce y que se marcó un solo de batería que debería estudiarse como asignatura obligatoria en los conservatorios. Maná llegó a Santiago con una declaración de intenciones: hermanar a dos pueblos en una gran fiesta musical, y lo logró. Hasta estuvieron finos en el detalle de sacar al final, como una sola, las banderas de los dos países, México y Galicia. Pena que el Monte do Gozo no sea más que una braña el resto del año. Monte do Gozo, Santiago.