Agrupaciones como las de Baviera, Granada o Extremadura también se nutren de gallegos La Orquestra Filharmónica Cidade de Pontevedra debutó ayer en concierto
06 jun 2007 . Actualizado a las 07:00 h.Dos orquestas, la Sinfónica de Galicia y la Real Filharmonía de Galicia, ejercen desde su fundación la hegemonía en la vida musical del país. Por la ambición artística de sus respectivos proyectos, y el apoyo de las instituciones públicas, a las que se ha sumado además el mecenazgo empresarial, corresponde a ambos conjuntos la tarea esencial de programar temporadas estables de conciertos, al más alto nivel, en Galicia. La Sinfónica, «una orquesta largamente esperada», como ha señalado el musicólogo Xoán M. Carreira, vio la luz en A Coruña, en 1992, como una iniciativa municipal. Acaba de celebrar sus primeros quince años convertida en una de las más reputadas agrupaciones de su tipo en todo el Estado. De su seno han surgido dos conjuntos más, la Orquesta de Cámara y la Orquesta Joven de la Sinfónica, donde se forman algunos de los músicos gallegos que han encontrado puestos en otras importantes formaciones, como la Sinfónica de la Radiodifusión de Baviera o las orquestas de Granada y Extremadura. Galicia es, en estos momentos, la comunidad que más efectivos aporta a la Joven Orquesta Nacional de España, lo que da una idea del potencial de su cantera. «Guerra de las orquestas» La Real Filharmonía, con sede en Santiago, nació en 1996 por impulso del entonces alcalde compostelano, Xerardo Estévez. Su aparición alimentó una cierta tensión entre ciudades, propiciando lo que se denominó como «guerra de las orquestas». Más que otro capítulo del histórico enfrentamiento localista, la polémica surgiría por la financiación. Mientras la Xunta sostenía el nuevo proyecto, mantuvo una política de abierto desprecio, finalmente rectificada, frente a su hermana. La Real Filharmonía posee una plantilla más reducida que la de la OSG, lo que no le ha impedido abordar proyectos importantes, como la grabación de las sinfonías de Schubert. Ambas formaciones han estado alguna vez en el ojo del huracán por culpa de las denuncias de los compositores gallegos, que se consideran marginados. Sin embargo, la mayoría de los propios interesados reconoce en privado que de no existir estos conjuntos su situación sería aún mucho peor. Manuel Balboa, Juan Durán, Paulino Pereiro, Xavier de Paz, Octavio Vázquez o Rogelio Groba han sido nombres habituales en las temporadas de las dos principales orquestas en estos años. El panorama orquestal se ha animado últimamente, además, gracias a la aparición de otros conjuntos, ligados a la vida de los conservatorios. En 1993, Fernando Vázquez Arias creó la Sinfónica de Melide con alumnos de su conservatorio. Del coruñés también surgiría en 1995 la Orquesta de Cámara Galega, que dirige Rogelio Groba. En el sur, el compositor Xoám Trillo, que durante un tiempo estuvo al frente de la hoy desaparecida Xoven Orquestra de Galicia, impulsó en 2001 la Sinfonieta de Vigo, ligada también a la experiencia docente en el Conservatorio Superior de esa ciudad. La última en llegar ha sido la Orquestra Filharmónica Cidade de Pontevedra, que acaba de hacer su presentación con un programa de obras de Schubert, Rodrigo, Vaughan Williams y Debussy. Con este tejido, no sería extraño que Galicia pasara a ser muy pronto conocida como «el país de las orquestas».