OJO DE PLASMA | O |
17 mar 2007 . Actualizado a las 06:00 h.ANDA el ambiente emocional tan flamígero que las altas temperaturas se tornaron insoportables para Jesús Quintero, sólo de apariencia calma, como sus calculadas carcajadas en La noche de Quintero. Optó por la fuga. Tres semanas antes había entrevistado al antaño volcánico y justiciero José María García, que, fiel a su estilo, aprovechó la oportunidad para rajar a diestro y siniestro, con el desprejuicio tópico que asegura un patrimonio personal considerable y un cierto mesianismo que les lleva a creerse por encima del bien y del mal. Vamos, otro iluminado de verdad absoluta. Y Quintero cedió. Aquella calma se tornó vendaval y surgió un «estrés emocional exógeno» en un mito catódico con pies de barro. Es sabido que el presidente de RTVE, conocedor del Apocalipsis según García, con serias descalificaciones y hasta insultos, impidió la emisión, algo que Jesús, en principio, no consideró ofensa grave. La reacción de García y el eco del incidente situaron La noche de Quintero en el ojo del huracán. Tres semanas después se lo llevaron esos vientos, que en realidad ocultaban una grave pérdida de audiencia. Si a finales de enero eran casi tres millones, el martes caía uno, el 9,7%, muy por debajo de la media de La Primera en prime time . Lo de García fue una anécdota. Quintero dudó demasiado. No dimitió cuando tocaba, si ciertamente se sintió agraviado, y eso la gente... Quintero ya pudo haber intervenido mucho antes. Bastaba con detener la grabación y aclarar a García que la libertad de expresión no es poner a escurrir a alguien sin oportunidad de defenderse. Bien mirado, Quintero cayó en una de las formas más sutiles de telebasura.