Especialistas en el poeta ourensano explican el diálogo de su obra con algunos de los más relevantes escritores de la segunda mitad del siglo pasado en las distintas literaturas continentales
15 mar 2007 . Actualizado a las 06:00 h.?ué tiene de común la obra de José Ángel Valente con la de los principales escritores europeos, de Keats a Beckett, fue la línea de interpretación que ayer se dio propiciada desde la Cátedra Valente de la Universidade de Santiago Cinco profesores y cinco referentes para situar al poeta en un espacio más cercano «a la tradición europeísta abierta que a la tradición española», tal como explicó Manuel Fernández Rodríguez. Fernández relacionó a Valente con el romanticismo europeo y con la tradición cultural que arranca en ese movimiento. El profesor compostelano fue incorporando nombres a una lista con dos troncos de autores que tuvieron papel en la formación poética de Valente, un tronco alemán y otro británico. Para sintetizar ambas marcas el conferenciante dejó los nombres de Hölderlin y Keats. La segunda de las marcas rastreadas ayer está en el centro de la tradición germánica. La relación entre Valente y Heidegger fue explicada por David Conte como «un encuentro más que una influencia». Las referencias explícitas del pensador alemán en la obra de Valente son tardías, sin embargo explica que la «fascinación del poeta por la nada transcurre en un territorio acotado por Heidegger». Las relaciones del escritor ourensano con autores como Edmon Jàbes o Paul Celan son conocidas e incluso analizadas por el propio Valente. Más original o menos citada fue la relación que el profesor norteamericano Jonathan Mayhew estableció entre el autor de Mandorla y Samuel Beckett. Mayhew se explicó como si comentase «un ensayo apócrifo de Valente sobre el escritor irlandés». Aseguró que los dos eran autores de la « tardomodernidad y escribían sobre cierto espíritu de la negación». Para el profesor, el ourensano «escribe en un tiempo marcado por Beckett» y realizó un paralelismo entre textos de ambos. El profesor indició también que Valente «no quiso incorporarse en los setenta a las maneras del intelectual mediático, quiso ser el último intelectual europeo».