Reportaje | Pioneros de la educación El profesor de la Universidade de Santiago Eugenio Otero espera que pueda verse en Galicia la exposición sobre las Misiones Pedagógicas de la que es comisario
09 mar 2007 . Actualizado a las 06:00 h.A finales de los setenta, el escritor Rafael Dieste recibió en su casa a un hombre que le entrevistó durante varias tardes acerca de su participación en las Misiones Pedagógicas de la Segunda República. Treinta años más tarde, Eugenio Otero, profesor de la Universidade de Santiago, rememora esas conversaciones sobre un «proxecto educativo extraordinario» que soñó con difundir la cultura por todos los rincones del país. Otero ha sido el comisario de la exposición Las Misiones Pedagógicas , una de las muestras más visitadas del recinto que la ha albergado, el Conde Duque de Madrid, y que después de su cierre mañana podría revivir el espíritu de las misiones e itinerar por España, Galicia incluida. «Espero que si. Está falado, pero non hai nada pechado aínda», advierte Otero. La muestra honra y documenta aquellas expediciones que buscaban acercar la cultura al ámbito rural y para ello utilizaban los soportes más novedosos del momento, como el cine o el gramófono. En su equipaje también viajaban copias de obras maestras del Museo del Prado (pintadas por un jovencísimo Ramón Gaya), así como las tablas del teatro y los muñecos del guiñol, cuyo principal impulsor fue el propio Dieste. «E non hai que esquecer que as misións repartiron 600.000 libros en 5.222 bibliotecas», añade Otero. Este especialista en historia de la educación reivindica el espíritu pionero y visionario de las Misiones: «Tamén é parte da memoria histórica. Ás veces esquecemos que na Segunda República tamén houbo momentos gozosos. ¡Como non ía habelos, se era un réxime democrático! Foi un proxecto educativo extraordinario, moi ben pensado e executado, que non foi superado por ningún outro país». Otero cita casos similares en la Unión Soviética, Cuba o México, pero lastrados por un defecto que no se dio en España: «Non quixeron adoctrinar». A su juicio, otro punto a favor era su interés en «facer o que non se podía facer na escola» y complementar el trabajo de alfabetización que se llevaba a cabo en las escuelas. De este modo, se fraguó una relación entre los misioneros llegados del espacio urbano a lo rural marcado por un «signo de cordialidade». El grupo gallego giraba en torno al guiñol y de él formaban parte Dieste, Urbano Lugrís, Cándido Fernández Mazas y Antonio Ramos Varela. Otero recuerda cómo en sus conversaciones Dieste se refería a los actores de aquella aventura como «a Xeración das Misións Pedagóxicas». El comisario de la muestra señala que la iniciativa «imprimiu carácter». «Resultou un feito decisivo, sobre todo no ámbito dos valores, na moral», resalta Otero. Aquel espíritu continuó en el exilio, ya que la guerra desalojó a sus principales valedores y desarmó sus logros.