SI LAS PREVISIONES se cumplen, el juicio del 11-M se extenderá a junio. Toda una agonía mediática. A la dimensión de la tragedia, sumaremos el machacón pim-pam-pum que desde entonces se traen algunos medios, empeñados en una teoría de la conspiración, que aquí no viene al caso, pero contribuye a aumentar el hartazgo. El juicio es un hito sin precedentes en cuanto a recursos audiovisuales propios. Entre ellos la disposición de imágenes en directo y a tiempo total, aunque editadas bajo la supervisión de la Audiencia Nacional. Menos mal. Por ahora LaOtra (segundo canal de Telemadrid, en manos del PP) y Popular TV (impulsada por la Conferencia Episcopal), darán el juicio en tiempo real. Sobran palabras. Las demás televisiones se limitarán a conexiones puntuales. Mirado con distancia y absoluto respeto a las docenas de afectados directa o indirectamente por el 11-M, resulta imposible no frivolizar sobre tan repentino interés para dar la matraca en vivo y en directo con semanas de sesiones que por lo sabido hasta ahora, tampoco aportarán nada que no sepamos ya. Una de dos: o responde a puro y simple morbo, o hay sectores que todavía alimentan la esperanza de que el juicio confirme la delirante teoría de la conspiración. Que nadie se crea la voluntad de informar detrás de la emisión íntegra de las sesiones. De no haber dolor por medio, asumiríamos que las jornadas de la Casa de Campo darían un magnifico reality show, una combinación de Gran Hermano con filme de juicios. Menos mal que el presidente del tribunal podrá interrumpir la señal cuando lo crea conveniente. Sí, menos mal. Qué alivio.