Una aldea con fecha de caducidad

María Rial REDACCIÓN

TELEVISIÓN

Doble despedida. La que posiblemente fue la última desconexión territorial de La 2 de TVE para Galicia -la nueva normativa del ente público elimina estas emisiones debido a su escasa audiencia- mostró el desalentador panorama de la desertización humana que sufre el rural interior de la comunidad gallega. El documental Queda alguén aí? reflejó durante 53 minutos (sin pausas publicitarias) la vida y el sentir de los vecinos de una aldea con fecha de caducidad, en la que más de la mitad de sus habitantes supera los 55 años. Los espectadores entraron en todas y cada una de las casas que conforman Pedroso (Riós, Ourense), de la mano de Rafael Cid (guionista y director). Un cuidadoso, melancólico y fúnebre montaje de imágenes, música y testimonios refleja una sociedad en descomposición, repleta de residuos de agricultura y ganadería. Un mundo aislado que se autorrefuerza en sus principios ancestrales. La dictadura de los años. La incomprensión de los hijos respecto a sus padres. Mientras los vecinos invierten orgullosos 114.000 euros en la construcción de un tanatorio, la calidad de vida de los pocos chavales de la aldea merma: sólo tienen un banco en la calle y la ruinosa y sucia escuela comunitaria para jugar. Un sinsentido, sin duda, para el foráneo: invertir el dinero en unas instalaciones que la mayor parte de los mortales desean que se usen lo menos posible. Otra paradoja. Mientras Pedroso muere, una familia de extranjeros luchan para que la aldea vecina, Caraxoo (Laza) (eliminada del padrón hace siete años), reviva y aparezca en el plan de urbanismo. Pese a esto, los supervivientes de Pedroso viven felices. «Hai nenos, ¿sabes onde? No País Vasco, en Barcelona e algún en Madrid», explica un vecino a uno de los niños.