«Hay que ser capaces de ver lo ridículo y lo grandioso en el mismo momento»

Marina de Miguel LA VOZ | MADRID

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Septiembre de 1828. El famoso naturalista Alexander von Humboldt, viajero y aventurero incansable, organiza el Congreso de Naturalistas de Berlín con un invitado de excepción: el prestigioso matemático y astrónomo Carl Friedrich Gauss. A partir de este encuentro real, Daniel Kehlmann (Múnich, 1975) ha construido en La medición del mundo , una historia repleta de fina ironía sobre la necesidad de comprender. La novela, que se ha convertido en una de las más vendidas de los últimos años en Alemania, ha sido traducida al castellano por Maeva y al gallego por Galaxia. -¿Todavía son posibles los hallazgos que realizaron Gauss y Humboldt? -Por supuesto. Sin embargo, en contraposición a las ideas de la Ilustración, ahora el que no trabaja en el mundo de la ciencia no se interesa por ella. A su vez, los científicos no desean comunicar al público sus hallazgos. En esta época en la que se habla tanto de la religión, existe también el deseo profundo de querer comprender. Eso es la ciencia. - Además de una gran inteligencia, los protagonistas tiene en común un espíritu solitario. -Es una característica de las personas que tienen un único objetivo en la vida, por lo que olvidan lo que les rodea. - «Los genios del pasado serán payasos en el futuro», afirma Gauss en el texto. -Cuando uno escribe sobre personajes históricos, puede hacer con ellos lo que quiera. -¿La sociedad actual comparte la capacidad de maravillarse por lo desconocido de estos genios? -Todavía hay muchas cosas con las que maravillarnos. La capacidad que tiene Gauss de no verse limitado por lo que se ha creído con anterioridad es algo que admiro mucho. - ¿Qué ha descubierto al escribir esta novela? -Una perspectiva del mundo en la que lo serio coexiste con el humor y lo absurdo. El respeto y la risa no son excluyentes. En la vida hay que ser capaces de ver lo ridículo y lo grandioso en el mismo momento.