Los atractivos de Carmen , de Georges Bizet, son incuestionables, de ahí su popularidad. El recinto estaba lleno. Esta segunda ópera del festival quería ser la función redonda del certamen. Pero tampoco pudo ser. Ciertamente hubo muchos aplausos, de irregular distribución, y, también en esta ocasión, una triunfadora: Nancy Herrera. Estamos siempre ante la dificultad de que los principales elementos que han de contribuir al nivel de una función operística, concurran y se conjuguen felizmente. La parte vocal, especialmente en los personajes principales, es inexorable: voz idónea por tesitura y característica vocal y, naturalmente, dominio basado en solidez de fiato y correcta emisión para seguir adecuadamente la evolución del personaje en acción y música. Sensualidad En esto radica, en primer lugar, el éxito de la Herrera: suple con inteligencia y exquisita musicalidad el no poseer una gran voz (volumen y extensión), y lleva el papel de Carmen, a base de belleza y flexibilidad vocal, a territorios de sugestiva sensualidad y erotismo, no exenta de firmeza y energía ante la adversidad, y da al personaje una continuidad dramática que atrapa. El tenor Michael Hendrick, dotado por temperamento (recuerda a J.?Vickers) más para lo dramático que para lo lírico, atina en los trágicos momentos finales en que la obra muestra las facetas expresivas que la colocan en el nacimiento del verismo. De Valentina Vaduva, constatar que su momento vocal no le permite, pese a su mejor voluntad, abordar papeles como el de Micaela. Por su parte Jean Luc Chaignaud, discreto como Escamillo, con voz en exceso gutural. Correcto B. Quiza como Morales y cumplieron F. Santiago, como Zúñiga, y el grupo de contrabandistas: L. Alonso, A. Rivas, J. Morales y L. Cansino, mejor como colectivo. También correcto el coro del T. Villamar, siempre mirando al director, y ajustado el coro infantil Cantabile, con la belleza sonora que le es propia. El maestro Antonino Allemandi se mostró irregular, con momentos brillantes, y no obtuvo lo mejor de la Orquesta de Castilla y León. La puesta en escena: interesante trabajo interactoral y buen movimiento de los grupos. Acertada la presencia de una bailaora (figura de resonancias lorquianas) para dar corporeidad al tema del destino, que, como una negra sombra , acompaña a Carmen desde el preludio. Poca luz y colorido sevillanos, escenografía muy sobria y escasamente practicable: los transparentados cuerpos inmovilizados afeaban la nocturna escena de los contrabandistas en la sierra. ¿Eran necesarios, como en los viejos tiempos, tres descansos, y, por tanto, cuatro horas de función? «Carmen»: Festival de Amigos de la Ópera. Palacio de la Ópera de A Coruña. Noche del viernes.