El guitarrista estuvo arropado en A Coruña por la virtuosa ejecución del niño Josele y la profunda voz de Chonchi Heredia
23 sep 2006 . Actualizado a las 07:00 h.Que las cosas buenas se hacen esperar es algo que quedó demostrado en el Coliseo coruñés la noche del viernes. Paco de Lucía no se prodiga demasiado por los escenarios ni por los estudios de grabación, así que el perfecto recital del maestro tiene doble valor. Con sus Cositas buenas todavía recientes, el guitarrista se recreó en temas de éste -fantásticas El tesorillo y Volar- y otros discos -como una colosal Zyriab que no paraba de crecer entre «olés» y «vengas» de un público que oscilaba entre la emoción y el asombro-. Y todo con las eternas palmeritas que lleva como único decorado y con una impecable banda qu? justificaba el concierto aunque no hubiese estado el de Algeciras, y que en su mayor parte ya había visitado A Coruña recientemente, acompañando a Andrés Calamaro. Sobrio y distante, sin duda conocedor de que, más que una figura del flamenco, se le otorga el estatus de divinidad, apenas rompió su silencio para presentar a la banda. En la ejecución se permitió espaciadas cabriolas para confirmar que nos encontramos ante el mejor guitarrista del mundo, aunque dominó la contención en este concierto en el que se cedió una porción de protagonismo a las profundas voces de Montse Cortés y Chonchi Heredia. Por poner alguna pega, se echó de menos al Niño Josele, una bestia a las seis cuerdas, que quedó escondido tras el maestro. Sólo por un glorioso instante dejó la segunda para perseguirse con la guitarra principal, en un curioso juego entre quien ostenta el trono y su heredero. Por lo demás, el recital terminó como debía terminar, con el público en pie mientras del escenario salían unos acordes que deberían ser patrimonio de la humanidad. Entre dos aguas cerró así un concierto en el que, en efecto, se escucharon cositas muy buenas. Coliseo de A Coruña. Paco de Lucía.