El problema estaba en su horario de emisión, pues a la una de la tarde no apetece una telenovela. Quizá por eso, Telecinco ha tomado la decisión de cambiarla de franja y, de paso, echar de la parrilla Amor en Custodia , culebrón de estética actual pero corte clásico, bochornoso donde los haya. Aun así, el nuevo horario de Los Reyes, de 9.30 a 10.30, tampoco parece prometedor para el reinado de esta familia de traca. Los Reyes son, utilizando una expresión popularizada entre los seguidores del género, de lo last : una hilarante familia de barrio que en menos que canta un gallo pasa de trabajar en la plaza a verse a la cabeza de un potente grupo empresarial. Gracias a un guiño de la suerte, los Reyes empiezan a hacer honor a su nombre el día en que el bonachón de Beto (Enrique Carriazo), transportista de verdura, trunca el suicidio de Mercedes (Rosita Alonso), la multimillonaria que, en agradecimiento y por despecho a la sanguijuela que tiene por sobrino y mano derecha en sus negocios, no duda en ofrecerle la presidencia de su holding. El argumento ayuda a situarse, pero es quizá lo que menos importa. Este producto televisivo cautiva gracias a su estética Kitsch, a un guión de primera y a unos personajes tan esperpénticos como verosímiles: está la sanguijuela, un farsante fanfarrón con pocas luces; están los pijos, que viven de airport en airport; están las pijas lindas y sensibles y, cómo no, las de condición arpía; está el «mecánico celular» (celular porque no se despega de su móvil); está la adinerada señora de gran corazón y no menos perspicacia, y está el rey de los Reyes, el héroe que ha salido de un camión de verdura para revelarnos que en la honradez y el altruismo está el camino. (Y que la conducta tiene premio).