Frías lenguas de doble filo

Camilo Franco

TELEVISIÓN

La historia dice que el encuentro entre Tayllerand y Fouché fue algo así como la noche de las serpientes. La cena de las lenguas de doble filo o, para no andarse con metáforas, la noche de la traición. Ambos son personajes atractivos por lo asombroso de su cinismo o por lo amplio de su sentido de la maniobra. La cena está basada en eso, en la capacidad dialéctica de uno y en la violencia del otro. El montaje de La Cena es de esos que se pueden considerar perfectamente acabados, todo está en su sitio, aunque pocas cosas conduzcan al espectador hacia la imaginación. La obra es un algo correosa y se vuelve predecible tras los primeros tanteos de los protagonistas. Se maneja en ese territorio de lo que se venía considerando correcto y si se deja ir para algo es para que los personajes no tapen a los actores. El teatro es exhibición, claro. Pero el manierismo de distinto carácter con el que Flotats y Gómez acometen su labor los deja demasiado presentes ante el espectador y los distancia un poco de hacer a sus personajes más creíbles, menos planos. La cena se sirvió fría y a pesar de que los dos monstruos de la postrevolución francesa fuesen también gente fría quizá hubiese en ellos algo miserablemente humano que merecería haber sido convocado para el montaje de Flotats. Algo del miedo y de la rabia de los que fueron provocadores y víctimas. La Cena. Centro C. Caixanova, Vigo. Reparto: J.M. Flotats y Carmelo Gómez.