¡Si no tengo tiempo para cocinar!

La Voz

TELEVISIÓN

Sin mando | Auge de las recetas televisivas

06 may 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

TELEVISIÓN: el cocinero de blanco inmaculado, en un plató de ensueño, usa sartenes de 600 euros y miles de relucientes paños de cocina, mientras explica las excelencias de un plato de pescado que hará las delicias de la familia. Corta un poquito de albahaca del jardín que rodea la cocina, habla sin descanso de cómo saber cuándo el mero está en su punto y adorna con mermelada de aguacate el plato de diseño con un golpe de muñeca que ya quisiera para sí Rafael Nadal. Vida real: María sale de la oficina como alma que lleva el diablo, aparca como puede a una manzana de su casa y entra en el supermercado. Hay cola en el pescado, no le vale. La carnicera está de charla con un jubilado sobre lo importante es que empanar correctamente el filete... entonces, María descubre una bandeja con pechugas de pollo ya pesadas y, con gesto rápido de mujer avezada en guerras diarias, trinca el plástico y, para cuando éste llega al carrito, María ya está echando mano del paquete de puré de patatas con leche. María recoge a sus hijos en el colegio sin apenas poder respirar y arrastrando a los churumbeles hasta el hogar los deja viendo Los Simpson mientras abre el paquete de pechugas y descubre que no están fileteadas. María, madre con recursos, trocea con pericia la carne fofa, sofríe unas setas escondidas en la nevera bajo una ligera capa de moho blanco (antes las lava, que María tiene conocimientos básicos) y añade el pollo. Tres minutos de microondas, un golpe de mantequilla y la comida está lista justo cuando llega Jose. María se promete que mañana saldrá un poco antes para comprar ese mero tan rico y hacerlo con aroma de albahaca. Moraleja: los programas de cocina sólo son útiles para los jubilados o los cocineros (varones, indefectiblemente) de fin de semana.