SI USTED es de los que eligieron el sábado para pasarlo en casita, con la manta a cuadros y el cuadro de su pariente o parienta, quizás haya llegado a la misma conclusión que yo: que existe un acuerdo tácito entre las televisiones y el sector hostelero para obligarnos a salir en tropel a la calle, a consumir en masa, con o sin ganas, si no queremos morir de sopor indigestados con salsa rosa, atormentados por la repetición de la repetición del profesor chiflado o invitados a una noche de¿ siesta. Nunca creí que llegaría a decir esto, pero viendo el actual programa de humor y música de los sábados de TVE, hasta echo de menos aquellas noches de fiesta del Moreno, con tanta modelo y tanto modelo en tanga, aquellas presentadoras que nos hacían sentir que podíamos vestirnos como en fin de año por el mismo motivo por el que abrimos esa caja de bombones, a saber, porque hoy es hoy, y, sobre todo, aquel teatrillo de discusiones maritales, que tan bien nos hacía sentir en nuestro pisito de solteros. En cambio, ahora, cómo hallar algo de glamur en la cara de Josema Yuste, que para mí estará friendo empanadillas en Móstoles de por vida, cómo soportar un guión basado en los centímetros de tela del vestido de la copresentadora, ex de un ex torero cuyo encanto debe ser el de no saber pronunciar, cómo animarse siquiera a concursar con ese míster que por no saber cómo matar el tiempo de las llamadas es capaz de preguntarle al afortunado -o desgraciado- que de qué color es el papel higiénico que usa y, sobre todo, cómo no perderse las dos únicas actuaciones musicales del programa con tanta pausa publicitaria y tanto chistoso con chistera.