En la vieja discusión sobre si el platónico es amor o sólo resignación aparecen en ocasiones sutiles defensores de la primera opción que, entre otras cosas, se apoyan en la sutileza de algunas indicaciones y en la capacidad humana para ficcionar. Para la autora de 84 Charing Cross Road , Helene Hanff, y quizá también para la directora de la versión española, Isabel Coixet, la tensión amorosa no resuelta es tan sutil que en ocasiones parece no manifestarse. Al montaje de esta obra, que tiene como centro una admiración algo pedante por determinados autores ingleses y una falta de decisión de los personajes para resolver por vía humana lo que se queda en relación epistolar, le falta algo de carne; le falta a la historia, que no a la interpretación. Los dos actores se esfuerzan, desde actitudes diferentes y complementarias, en darle aliento a un texto blando, elegante y casi se diría que reprimidamente inglés; un texto que evidencia un tiempo de demasiadas convenciones sociales o unos personajes demasiado anclados en ellas. O cobardes. Es posible que asistir a una relación epistolar de 20 años entre un hombre y una mujer en la que uno de los dos tarda casi las dos décadas en pronunciar la palabra amor sea una historia aleccionadora, pero en el fondo sólo es el reconocimiento de una especie que no se admite a sí misma como tal. Esta misma historia contada en el teatro, con sus cartas cruzadas, los envíos de libros de autores que han ido perdiendo pulo con los años y una serie de referencias vitales demasiado complacientes por un lado y secamente supervivientes por la otra, acaba por dibujar un poco de la nada que deja todo en pasatiempo. Lo que resta, desde el punto de vista argumental, es un blanquísimo humor que superaría la prueba del algodón moral de cualquier centro religioso occidental. Poco donde agarrarse. Afortunadamente, están los actores. Dando de comer a un texto delgado. Al final me acordé de la pregunta de Larra. «84 Charing Cross Road». Autor: Helene Hanff. Dirección: Isabel Coixet. Reparto: Carme Elías y Josep Minguell. Teatro Rosalía de Castro. A Coruña.