DIEZ años en antena y más de 470 películas. Con ese bagaje y la excelente Fresas salvajes de Ingmar Bergman, Garci despidió ¡Qué grande es el cine! en La 2. Antes, largó una breve despedida para afirmar que habría seguido otra década, pero que TVE, en su derecho, renunció. Nos quedamos con las ganas de saber las razones, porque las hubo. Como al César lo que es del César, al crítico y director asturiano reconozcámosle su contribución a dignificar la emisión de cine al margen de coyunturas, recurriendo a clásicos y convirtiendo su espacio en remanso de cinéfilos, fueran asentados o todavía en formación. Lo echaremos de menos porque la tele de ahora pasa demasiado del cine anterior a los años ochenta¿ Salvo honrosas excepciones y a la espera de que las cadenas se pongan las pilas, Garci algo hacía para paliar el preocupante analfabetismo cinematográfico de la audiencia, al hilo de la creciente demanda de profesores, pedagogos e historiadores. Hasta se le perdonaba su renuncia a los subtítulos. Pero erraba con sus contertulios. Demasiado colegueo en conflicto entre la sapiencia pedante y la obtusidad más cateta. Tertulias de una generación formada con «des auteurs» en los sesenta, pero alejada de las nuevas oleadas de cinéfilos, que no soportaban conversaciones al límite del onanismo intelectual. Aún así, lo de Garci era remanso de buen cine.