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12 dic 2005 . Actualizado a las 06:00 h.

SE DESPIDE ¡Que grande es el cine! (La 2). Pésima noticia por mucho que a Garci se le pasara el arroz con su ceguera numantina a renovar a sus «sesudos» invitados, algunos más empeñados en la pedantería mareante que en transmitir conocimientos y entusiasmar a la clientela. Ésa era otra. Aunque son los jóvenes quienes más frecuentan el cine, curiosamente son los que más crudo lo tienen. Reflexionaba recientemente el profesor Ángel Luis Hueso que para los jóvenes actuales referirse a cine clásico equivale a El padrino o Scorsese, por ejemplo. Vamos que Griffith, Eisenstein, Welles e incluso Ford les sonarán a jurásico, algo así como a Diplodocus o Tyrannosaurus . Mal asunto. Con Garci desaparece la única ventana regular que las públicas dedicaban al cine de altura, aunque su selección a veces desconcertaba sin decepcionar. Profesores, pedagogos, críticos coinciden en la gravedad de esta carencia, en la imposibilidad de que las nuevas generaciones accedan a los clásicos. Por razones económicas, el cine retrocede en las parrillas a causa de esa manía de pretender las películas de éxito coyuntural, con la mirada puesta en la audiencia. Por cierto, son las más caras. Sin embargo, los clásicos son muy accesibles y baratos. Presentados de forma atractiva, sin especialistas fieles de Onán, las teles se ganarían al target joven hambriento de cine grande. Que se pongan las pilas. ?