LA NOCHE del martes, el Rey hizo doblete en televisión a través de sendos reportajes dedicados a rememorar 30 años de reinado. Telecinco optó por centrarse en el primer año de transición a una monarquía democrática con La apuesta del Rey , pero fue La Primera la más ambiciosa, con Juan Carlos I: embajador de España , con el magnífico recurso del fondo audiovisual de la propia TVE, calculado en mil horas protagonizadas por el Rey, que le permite a la pública un plus de interés vedado a la competencia. Se trataba de seleccionar los momentos más brillantes de su trayectoria al servicio del país, partiendo del momento de su toma de posesión y pasando por el tejerazo , la secuencia histórica quizá más vista de la democracia, y cada vez más salida de una película de Berlanga. Pero evitaron convertirlo en un gran refrito de secuencias para acrecentar el buscado sentido de homenaje. Recurrieron a testimonios recogidos para la ocasión de numerosos mandatarios (Lagos, Fox, Mahmud Abas, Zapatero¿) o ex mandatarios (Clinton, Gorbachov, Soares, Mandela¿), en buena lógica laudatorios del monarca en su papel como embajador ante el mundo. Sobre todo desde su papel en el 23-F. Al margen del share que haya tenido, su emisión en prime time habrá pillado a algunos millones ante la tele, entregados a dos posturas, los unos hacer memoria, y los otros, recogiéndola. Nunca sobra en nombre de la historia.