FUE ANTAÑO el Día de las Fuerzas Armadas y, para muchas generaciones, el ahora llamado desfile de la Fiesta Nacional conserva un algo del que todavía cuesta desprenderse, sobre todo en tiempos de militarismo a la baja. Desde siempre, TVE lo emite cada 12 de octubre. Despliega amplios recursos técnicos y humanos para garantizar un buen espectáculo, aunque el empeño sea un desafío. Cualquier director de cine sabe lo complicado de filmar una película de guerra porque casi todo se limita a uniformes, armamento, disparos y explosiones, resultando muy complicado introducir personajes en semejante magma. En la retransmisión de ayer no había disparos ni explosiones, aunque sí vistosos uniformes y variado armamento. A mayores, los personajes eran el público y las autoridades. Acto de gala, que sin embargo se hizo cuesta arriba por su excesiva duración televisiva y por una realización finalmente rutinaria, pese al esfuerzo de situar cámaras en algunos vehículos y demás recursos. Como será norma darlo cada 12 de octubre por la televisión pública, que al menos se planteen emitirlo de modo más vistoso. Al margen las sensibilidades individuales en torno al tema, la tele es espectáculo y su obligación es hacerlo atractivo y digerible. Basta un cambio de chip y desprenderse del fantasma de la rutina. Ayer, sencillamente aburrieron.