Durmiendo con tiburones

Pablo Pazos A CORUÑA

TELEVISIÓN

EDUARDO

«Discovery Channel» pomociona su nueva temporada patrocinando el encuentro de escolares con escualos en el Aquarium Finisterrae

07 sep 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

Tener entre siete y once años. Ese el requisito indispensable para ser uno de los 140 gallegos que disfrutarán de una noche rodeado de los tiburones del Aquarium Finisterrae coruñés. La iniciativa, que cuenta con el apoyo del canal Discovery Channel, ofrecerá a los pequeños la oportunidad de «alimentar a los animales, tocarlos y recibir una lección in situ, en una especie de laboratorio de tiburones», según explicó Paco Franco, del museo coruñés. Todos los sábados, del 17 de septiembre al 29 de octubre, ambos inclusive, los niños, repartidos en grupos de 20, empezarán la jornada a las 20.30 horas con una cena en la cantina de Ultramar del recinto. A continuación, asistirán a la proyección de un documental de Discovery Channel sobre los escualos. Pero el plato fuerte se reserva para el final. Será a las 22 horas cuando los niños disfruten con los animales, con los que podrán «establecer un contacto muy próximo», como subrayó Franco. Además de observar cómo los técnicos del acuario les ofrecen el alimento, cuidadosamente estudiado, los pequeños tendrán la posibilidad de sentir físicamente la presencia de estos denostados habitantes del mar. Precisamente la desmitifación de la figura de los escualos, a la que contribuyó enormemente la película Tiburón , que celebra este año su 30 aniversario, es uno de los objetivos de La semana del tiburón, la serie más longeva del canal, con 18 emisiones, y que podrá verse entre los días 19 y 23 de este mes, a las 21 horas. «Pretendemos ser un escaparate de lo que ocurre a nuestro alrededor», explicó Francesca Garrigues, directora regional de ventas de Discovery Networks en Latinoamérica y España. De momento, los pequeños de la casa serán los únicos que gocen del privilegio de pasar una noche rodeados de tiburones. Franco, sin embargo, dejó caer que podrían ampliarlo a los adultos, que acaban demostrando un interés incluso mayor que el de sus hijos. «Si pudieran ir las madres, yo iría con mi hija», confesó Garrigues.