UN TÍO se mete en una especie de bañera de cristal con varios centenares de cucarachas. Otro coloca una manzana en la nuca de un voluntario y la corta limpiamente con una katana. Una acróbata se flexiona hacia atrás, con sus pies maneja un arco y dispara una flecha en plan Guillermo Tell a un fulano con un globo en su cabeza. Alguien se entierra cinco minutos. Hay quien se mete en una lavadora y la ponen a funcionar. Y así hasta un montón de ejemplos como parte de Los más osados, el primero de seis especiales que Antena 3 eligió para sustituir a ese monumento a la necedad que fue La granja. El hueco queda cubierto a la perfección. O sea con más estupidez. Humana, naturalmente, adobada con unas pizcas de salsa catódica bajo la coartada de entretenimiento familiar. Se cometen tantos abusos en nombre del entretenimiento y de la familia, que uno ya pierde la cuenta. Presentan la desnutrida Paula Vázquez y el extrovertido Javier Martín, que además cerró el programa en una especie de exhibición de puenting, pero desde una grúa y a cincuenta y tantos metros de altura. Habrá quien haya encontrado divertidas dos horas a base de refritos importados y de un puñado de invitados que de eso comen. Es lo que hay, pero sépase que divertir es incompatible con la necedad. Quede claro.