Capítulo/Semana XIX En que Sancho en medio de la noche bautiza a su amo como Caballero de la Triste Figura, mientras a su alrededor decenas de curas corren como gallinas.
08 may 2005 . Actualizado a las 07:00 h.Esta semana traigo por fin una buena noticia. En el capítulo de hoy, es don Quijote el que reparte, de lo cual ya iba siendo hora. Hay también una noticia mala, y es que el caballero es excomulgado (creo que la mala es ésta y no al revés). Voy a contar los sucesos y luego los comentamos: Como siempre, van don Quijote y Sancho haciendo camino cuando se topan... ¡Con la Santa Compaña! A la pareja se le había hecho de noche mientras esperaban encontrar una venta donde saciar su apetito, que iban hambrientos, y en la oscuridad vieron como se acercaba a ellos un mar de luces o de fuegos que parecían estrellas que se movían, y que iban aumentando su tamaño según se acercaban. Aventura Don Quijote comprendió que aquello era una aventura para él, y se preparó a intervenir, sin saber muy bien de qué modo ni contra qué cosa. Pero según se fue acercando el resplandor, vieron que se trataba de una formación de veinte encamisados -que vestían grandes blusones, ropa ésta más adecuada para los forajidos que ocultan armas que para gente honrada- y que cada uno de ellos llevaba una antorcha. Tras ellos venía una litera cubierta de luto y más atrás aun media docena de hombres a caballo de mulas también enlutadas. «Todos en batalla» Lo que sigue ya se sabe: don Quijote se planta en medio del camino interrumpiendo el paso y exige explicaciones a los viajeros. Pero uno de estos responde que tienen prisa y ni explican ni se detienen. Y claro, «conmigo sois todos en batalla». Así, el caballero arremete contra la fúnebre procesión, y todos echan a correr como galgos dispersándose hacia la oscuridad. Sancho no cabe en sí de asombro y admiración. Sin embargo, uno de los derrotados queda prendido por el pie al estribo de su caballo. A él pide don Quijote explicaciones y así sabemos que se trata de una veintena de curas que se dirigían a Segovia con los restos mortales de un caballero que murió en Baeza. ¡Pero hombre, eso se dice antes! Pues sepa usted, replica Sancho, que este hombre no es otro que el Caballero de la Triste Figura. Total, que don Quijote libera al caído y este se larga, no sin antes recordar al caballero, como quien no quiere la cosa, que queda excomulgado por poner a los curas la mano encima. Pero don Quijote, que es loco pero no tonto, rechaza la pena, que no fue mano sino lanza, y que aun en el caso de ser excomulgado, también lo fue el Cid Ruy Díaz o Rodrigo de Vivar, y no hubo jamás caballero más honrado y valiente. Bueno, reconocerán conmigo que es mucho mejor repartir que cobrar, aunque te excomulguen. Yo me alegro, sobre todo, por Sancho, que andaba perdiendo la fe y que del capítulo de hoy sale tan orgulloso de su amo. eduardo.riestra@lavoz.es