La purga de Benito

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Capítulo/Semana XVII En que don Quijote se cura con el bálsamo de Fierabrás, que a Sancho no aprovecha, y mientras el caballero se marcha sin pagar, el escudero salta por los aires.

24 abr 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

Yo no sé a ustedes, pero a mí casi me duelen en carne propia los golpes de la semana pasada. Nuestros héroes no saben muy bien lo que ha ocurrido. Maritornes y el ventero se volvieron a sus camas, y el alguacil fue en busca de luz para su lámpara, que se le había apagado. Creía el hombre que alguien había resultado muerto, pero el cadáver ?don Quijote? recuperó a oscuras el conocimiento, y a oscuras pidió a Sancho que guardase de por vida el secreto de lo que habían vivido, que quedaba claro que habían sido víctimas de un encantamiento. Sancho, lo promete, callará de por vida, de por la vida de su amo, y desea que llegue pronto el momento de hablar. Hombre Sancho, le replica dolido el caballero, ¿tan mal me quieres? No? si yo lo digo porque me cuesta mucho guardar confidencias, y tal y cual. Regresa entonces el alguacil ?que aquí llaman cuadrillero? con su luz encendida de nuevo, y ve que el muerto, si bien no se puede considerar muy vivo, por lo menos es ahora un cuerpo parlante. Entonces comete el atrevimiento de preguntarle: ¿pues cómo va, buen hombre? Amigo, aquí ya se vuelve a montar otra gresca, porque uno no se puede dirigir tan llanamente a un caballero, como si fuera un plebeyo cualquiera. Total, que don Quijote se ofende y le llama majadero, y el otro, ante semejante calificativo, le arrea con la lámpara en la cabeza, y se larga por donde ha venido. Y vuelta a la oscuridad. Manda entonces don Quijote a Sancho que le consiga un poco de aceite, vino, sal y romero, que esos y no otros son los ingredientes del bálsamo de Fierabrás. Dicho y hecho, el escudero fue con la lista al ventero, que le facilitó lo que pedía sin grandes problemas, pues ya estaba amaneciendo. Don Quijote prepara el mejunje y se lo bebe, y aquello le revuelve las tripas de tal manera que vomita lo que no tiene, y lo pone a sudar y tiritar, de manera que le dan un manta y vuelve al catre para dormir dos o tres horas, de las que despierta curado. Sancho entonces quiere también beber, pero le sienta tan mal aquello que reniega contra su amo. Y así, entre vómitos, sudores y diarreas, se disponen ambos a dejar la venta? sin pagar la cuenta. Se la reclama el ventero. ¿Pero esto no era un castillo? No señor, es venta y cuesta dinero. ¡Ah! Pues se siente. Soy un caballero andante y los caballeros andantes no pagan. O sea que adiós, muy buenas. Y don Quijote se larga montado en su caballo, pero Sancho queda rezagado y le reclaman a él la cuenta. Pero el escudero, que en lo de no pagar es muy disciplinado, también se niega. Total, que lo pillan entre todos y lo mantean, y una vez manteado lo dejan marchar a reunirse con su amo. Y Sancho Panza cree que es mejor pagar así que con dinero.