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06 abr 2005 . Actualizado a las 07:00 h.HEYSEL, Bruselas, 29.5.85. Liverpool y Juve iban a disputarse la Copa de Europa. Una hora antes los hooligans británicos arremetieron contra los tifosi italianos con una avalancha asesina: 39 muertos. Veinte años son nada, pero los mass media no pudieron substraerse a aquella vergüenza ante el Liverpool-Juve del martes, y a las teles correspondió recobrar aquellas espeluznantes imágenes. Primero la avalancha, después la gente que se iba amontonando mientras los de debajo se asfixiaban, finalmente los cadáveres alineados en el suelo. La UEFA y el árbitro mantuvieron el encuentro... Aquello sigue en la memoria y lógico que la expectación se levantara ante el reencuentro de ambos clubes veinte años después. Ayer lo vimos en los informativos todavía saturados de la muerte del Papa y ahora de Rainiero. Antes hubo varios gestos con su punto culminante cuando el estadio montó un mosaico ofreciendo amistad a los italianos. El partido, ordinario. Los de Benítez ganaron al rácano Capello, pero éste arañó un gol que le ayudará a superar la eliminatoria. Cambiando de tercio, las cosas del fútbol siguen atravesadas. Tenemos a un fulano del Sevilla que casi le parte el cuello a uno del Mallorca. Le acaban de caer cinco partidos. O al estirado Mourinho, míster del Chelsea, de lengua afilada y mirada soberbia, al que también acaban de meter un puro. Heysel que no se repita, pero las actitudes cambiaron poco.