Aparece en Murcia, por casualidad, el que podría ser uno de los primeros ejemplares de la novela cervantina. El poseedor, tal vez por lo multimillonario de su valor, se ignora
03 feb 2005 . Actualizado a las 06:00 h.Un terremoto recorre Murcia. No el de magnitud 4,2 que ayer sacudió el suroeste de la localidad de Bullas, sino otro que mueve cimientos de bibliófilos y expertos literatos y que, según quien lo cuente, reúne argumentos suficientes para construir una novela de intriga histórica. Todo empezó el miércoles de la semana pasada. Ese día, la Casa de Cultura de Alhama de Murcia -una tranquila localidad de 15.000 habitantes que engarza Levante con Andalucía a través del valle de Guadalentín- acogía una exposición sobre el Quijote organizada por el instituto de enseñanza secundaria. El veterano catedrático José Calero Heras había pedido a sus alumnos que llevasen ejemplares del libro de Cervantes que tuviesen en sus propias casa. Uno de ellos, según cuenta, le comentó que tenían uno que apenas se podía leer. Y así empezó todo. Con el ejemplar en la mano, el viejo profesor ya intuyó que aquel libro no era precisamente de los que se regalan en las ofertas de los quioscos. Ni a otros que también lo tuvieron, como el técnico municipal de Cultura, José María Cánovas: «Me impresionó un poco, su conservación era excelente, lo veíamos tan bien que no podía ser tan antiguo». Sospechas razonables Pero Calero tenía sus sospechas. Empezó a indagar por Internet, consultó a expertos. El libro contenía erratas, capítulos mal colocados, una deficiente paginación, epígrafes mal ubicados, una dedicatoria. Y, además, estaba fechado en enero de 1605. Así que la posibilidad de que sea uno de los primeros ejemplares del Quijote que vieron la luz no era descabellada. Y no lo es. Con esa hipótesis trabajan los expertos bibliófilos que analizan, ya, la tinta y el papel para determinar la verdadera edad del ejemplar que narra las andanzas del Hidalgo de la Mancha, y de cuya primera publicación se cumple ahora el cuarto centenario. Una casualidad muy novelesca. Naturalmente, tras los indicios de su autenticidad, surge la pregunta de cómo llega a Murcia semejante joya bibliográfica, nada menos que un ejemplar de la edición príncipe (primera). Y la respuesta está en el mar. En 1605, los 500 o 1.000 primeros ejemplares editados en la imprenta de Juan de la Cuesta, vendidos al librero Francisco Robles, se agotaron muy pronto, y una buena remesa se fue para América. Todo coincide porque, al parecer, el ejemplar hallado en Murcia procede del bisabuelo del abuelo del afortunado adolescente, enviado desde Cuba. Así que todo encaja, aunque hay quien duda de que el supuesto adolescente no existe y en realidad se trata de un familiar de un profesor del instituto. Comprobaciones La identidad de los dueños, sin embargo, se mantiene en secreto. «Por prudencia», dice Calero, hasta comprobar su autenticidad, desenlace que ignora cuándo ocurrirá. O por dinero, pudiera ser. Los especialistas aseguran que sólo se conservan 18 libros príncipe del Quijote en todo el mundo, cuatro de ellos en España. Hace ocho años, en una subasta en Nueva York, un hermano se vendió por 1,2 millones de euros. Ahora ya se habla de dos millones. Calero quiere ser cauto y no echar los molinos al vuelo, al menos hasta comprobar que no se trata de una reproducción facsimilar editada en el siglo XIX, que también las hubo.