ESO DE que el micro se encoja a ras de suelo transcurrido un tiempo, pretende terminar con tertulianos muy a gusto con escucharse a sí mismos o que se olvidan de que hay más gente en la mesa para opinar. Lo hacen en 59 segundos (La Primera) y les va bien, que el tiempo en la tele es oro. Por eso los Goya de anteayer optaron por la fórmula para encajar la gala en unas prometidas dos horas. Lo anunció Resines como novedad, advirtiendo a quienes recogerían su premio, que disponían de medio minuto. En apariencia, una buena idea porque hay quien aprovecha para dedicarlo a esposa, padres, hermanos, cuñados, suegros, a la vecina del quinto y a todo el equipo, uno por uno... Se atribuye a este rito parte del coñazo de estas galas. Al atribulado actor novel Tamar Novas se lo «encogieron» un par de veces, obligándole a correr de un lado al otro del escenario para acabar su letanía dedicatoria, mientras pedía más tiempo. Fue Belén Rueda quien se quejó del horroroso invento de birlar el micro al medio minuto. Tenía razón. Argumentó que el instante era importante para los premiados y veía cruel aquella tortura. O sea que escamotear el micro en televisión cuando alguien está en la palabra, admite un depende. Y en los Goya chirriaba, aunque los ganadores deberán aprender a renunciar al tópico, que ya el espectador asume que de bien nacidos es ser agradecidos.